Me da risa leer el blog porque es una entrada pum para arriba, otra deprimente. Es un blog bastante bipolar. Pero bueno, así era Cacho y así era nuestra relación. Y así estoy yo hoy. Pero me debo a mi público y debo seguir contando la historia. Gracias por leerme!
Yo no entendía nada de lo que Cacho me decía. Hacía todo para adaptarme a las cosas que me dolían y jodían al principio, daba todo para esto y mucho más, y él me trataba super mal y me lastimaba y me la seguía bancando…Todo porque él después se arrepentía y pedía perdón y decía Pobrecita todo lo que me bancás! Pobre pelotuda, diría yo. Y pasaba dos días como si fuera el hombre que mas amaba en la tierra y yo me llenaba de amor de vuelta.
Entendí que necesitaba sus espacios y entendí que a pesar de eso quería estar conmigo y él ni intentó ver estos cambios, yo vivía para que nuestra relación sea linda y me partía el corazón en mil pedazos todo esto que él me decía...Que no puedo con esto, que ahora sí. Que no se si puedo manejar una relación, que ahora sí. Puñalada tras puñalada, parecía Kill Bill.
Cacho quería modificarme. No soportaba que toda la vida fui consentida y caprichosa, creía que su misión era cambiarme. Que si toda la vida pensé que la mía era la posta, y que todos tenían que adaptarse, con él, así no! Como diría Mirtha!
Yo no sé porque seguía quedándome a su lado, con lo duro que era y sabiendo que no merecía que me tratara así. Estaré enfermita yo también??
Yo sólo quería estar con Cacho el mayor tiempo posible y quería ser parte de su vida y que él sea parte de la mía. Y se lo dije: Perdonáme por querer que me abraces y me digas que me querés y perdonáme por quererte tanto. Y Cacho respondió: Me importás un montón, y te quiero muchísimo.
Todo el tiempo pensábamos que debíamos tomar una decisión, y nunca nos podíamos separar. Por eso entiendo (en realidad no lo entiendo, pero es parte de la búsqueda de explicaciones), que nunca me dejó de frente, cara a cara, sino que siempre lo hizo o por chat o por teléfono o por mail, como el gran cobarde, cagón y sin huevos que es.
Él trataba de arreglar todo con un “no llores mi amor porque no dejé de quererte un segundo”. Y yo no lograba entender, aún no lo entiendo, porque me lastimaba así, si yo sólo quería lo mejor para nosotros. Y trabajaba duro para eso, dejando atrás muchas cosas, pero ganando otras.
Estaba muy cansada de llorar por esta relación, cómo podía ser que si nos queríamos tanto sea tan difícil que nos entendiéramos!
Decidí irme a Rosario un par de días. Y ahí me cayó la ficha que yo también tenía culpas y responsabilidades, pero relacionadas a mi, a mis inseguridades por estar con alguien tan inestable emocionalmente, que provocaba mi desequilibrio, como una gelatina tenía el corazón. Pero también me di cuenta que no cambiaba mi lugar al lado de Cacho por nada en el mundo. Seguía eligiendo quedarme ahí. Porque a pesar de todo lo amaba, con locura. Aunque no nos lo habíamos dicho aún. Volví a Buenos Aires convencida de decirle a Cacho todo lo que había sentido estando lejos de él. Quería decirle que quería seguir luchando por lo nuestro. Y me fue a buscar el hombre hielo. Intenté decirle lo que había pensado y comencé con un “Mi amor, tengo algo para decirte…” Y él, como es discapacitado emocional, sólo contestó con un “No sabés el pedo que me agarré anoche con los chicos. Qué me querías decir??” Nada, Cacho una pavada. Así que te pusiste en pedo. Buenísimo.
Me cambió la cara, la forma, el ánimo. Y Cacho se dio cuenta, porque al otro día me mandó un mail disculpándose y preocupado por mi distancia y mi falta de cariño.
Se disculpó porque no era su intención interrumpir mis palabras. Palabras que no quise repetirle, no lo merecía. Yo quería compartir con él las cosas que había hablado con mis amigas y mi familia. Cosas que había pensado y que quería decirle. Y no pude. Porque inconscientemente a lo mejor no tenía ganas de escucharlo. No importa, yo lo seguía pensando igual.
Por primera vez tuve fuerzas para decirle que me “abriría de esto" si llegara a sufrir, y eso le dolió mucho. También le dije que me jodía mucho que lo primero que me diga al volver yo de viaje es que se había embriagado con los amigos. Y él, a pesar que me super lastimó, fue por cruel y discapacitado emocional, pero no por infiel. Era celosa, y lo demostraba. Él era celoso, a su manera. Una manera tierna. Porque confiaba en mi. Yo también en él. Pero como me decía siempre él, y yo lo compartía: “me duele que no te des cuenta que no soy lo que estás acostumbrada a ver mi alrededor y el tuyo.”
Yo quedé mal después de estos duros encuentros. Muy lastimada, y me quise convencer de que no me iba a exponer a sufrir cuando no tenía la culpa. Era capaz de hacerme cargo de mis celos de pendeja y mis caras de orto, por eso le anticipé que si esto me llegaba a hacer sufrir, me iba a abrir. Suena super crudo, pero lo sentía así.
Terminábamos las peleas o las discusiones, cuando alguno de los dos, siempre era equitativo, una vez uno, otra vez otro, ponía un paño frío y recalcaba lo mucho que quería al otro. Qué estoy entregada, que yo más, qué sé que me necesitás, pero yo más a vos. Te quiero mi amor, y no me quiero pelear más con vos.
No entiendo por qué la paz duraba tan poco cuándo decíamos querernos tanto. Necesitarnos tanto. Adorarnos tanto. Admirarnos tanto. Encendernos tanto. Cuidarnos tanto. Desearnos tanto. Amarnos tanto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario