Cada vez que me siento a escribir el blog, me sale solo, lo escupo sin pensarlo. Nunca me había costado hasta llegar a este capítulo. Es que marcó un antes y un después en la relación Cacho-Violeta. Es clave.
Le dije a Cacho, vamos a Colonia? Mi prima y su marido tienen una chacra-hotel divina. Creo que nos vendría bien un viaje. Estar solos, ver qué nos pasa. Qué decís? Dale Viole, averigua y vamos. Y así en dos días, averigüé, saqué los pasajes y un sábado a primera hora cruzamos el charco. Cuando estábamos entrado al barco le dije, Cacho, en este viaje o nos matamos o nos casamos. Obvio que como chiste, Cacho rió y dijo, Es verdad.
Fueron dos días hermosos. Nos la pasamos comiendo y bebiendo. Todo aquel que conoce Colonia sabe que llegás y ya se respira otro aire. Aire de paz, de amor y tranquilidad. Los mejores atardeceres, están en Colonia. Y encima la casa a la que fuimos, un sueño. Nos mimaron a más no poder. Y nosotros también nos dedicamos a mirarnos. Fue muy especial. Muy nuestro. Mucha conexión y sinceridad.
Caminamos por el pueblo, y nos empezamos a amar. Porque en una callecita en dónde no pasaba nadie, frente al río, yo iba caminando, Cacho me agarró de la mano, me giró y me abrazó con el más profundo de los abrazos. Duró varios minutos. Y en el oído me dijo, Creo que me estoy enamorando de vos. Yo no le contesté, pero sus palabras fueron una caricia, un mimo a mi corazón que venía incrédulo y que quería volver a empezar a vivir, a disfrutar con él, y a amarlo también.
Me pareció super importante para nuestra relación el viaje a Colonia, siento que nos unió más, y reafirmó muchas cosas.
Y en ese momento creí que fue soñado lo que vivimos. Y es verdad, fue un sueño. Otro sueño. Porque ni el viaje a Colonia ni el resto de nuestra relación fue más que una farsa. Una farsa de alguien que no puede consigo mismo, menos que menos, compartir con otra persona.
Cuando volvimos Cacho estaba distante, cómo cada vez que dábamos un paso en nuestra relación. Se asustaba, se corría del lugar. Se bajaba del barco. Yo nunca lo jodía con cosas que él mismo y los demás jodían, como hablar de casamiento. Para mi estábamos muy bien así. Sin apurar las cosas. No era yo la que hablaba de casamiento, convivencia e hijos, era él. Siempre.
“Creo que me estoy enamorando de vos”. La pindonga. Otra mentira fruto de una discapacidad emocional que no pudo sostener en tiempo y espacio. Y la boluda de Violeta se lo creyó.

No hay comentarios:
Publicar un comentario