Cacho se empezó a relajar, y para mi eso era signo de indiferencia. Ya no estaba pendiente de mi ni de nuestro amor. Y yo comencé a tener cada vez más inseguridades, porque ya no estaba más con ese Cacho amoroso y adorable. Era un Cacho diferente. Con doble personalidad. O moría de amor, o ni reparaba en el detalle de un abrazo o un gesto.
Cacho aseguraba que yo le pasaba muchas facturas sin darme cuenta. Yo sentía que estaba tirando sóla de la cuerda y que él se había dormido en los laureles y no demostraba lo suficiente. Se alejaba cada vez más, cuál Mr Hyde. Y volvía con toda de nuevo, como Dr Jekyll.
Yo soy consciente de que cada puñal, cada herida, me iban haciendo cada vez más chiquita, llena de inseguridades, y me costaba mucho disfrutar las pequeñas cosas. Pero no era fácil vivir con dos personas. Nunca sabía cuál de los dos vendría a casa, si el amoroso o el odioso. No disfrutábamos, pero de pronto hacíamos un click y estábamos 20 puntos. Rarísimo.
Yo ya no le parecía perfecta, no sólo porque lejos estoy de serlo, sino por la triste realidad que él estaba comenzando a transitar la etapa de pasar del enamoramiento al amor. Ese proceso de elegir al otro con sus defectos y sus virtudes, con sus logros y sus fracasos, con sus maravillas y sus miserias. Y creánme que yo lo hice…sin dudas! Cacho sólo quería a la Violeta top, divina, simpática, girl scout. No a la Violeta lastimada, con dudas, con reclamos. No supo amar…por qué??? Vamos, que todos sabemos la respuesta! Por discapacitado emocional!
Me los tenía al plato con que él no tenía mucha idea de cómo era una relación y que yo tenía más experiencia. Que él no tenía novias para comparar, que se basaba en las relaciones de sus amigos (madre mía!), que la gente que él conocía cuando se peleaba con sus novias, las dejaban, pero que después volvían (nunca vi ni escuché en mi vida algo semejante).
Él era así, él necesitaba su espacio. No le gustaban los escándalos (con escándalos se refería a muestras de afecto, a no ser falso, a no tirar la mierda debajo de la alfombra, a no demostrar sentimientos ni hacer público el dolor ni la alegría), no era a lo que estaba acostumbrado en la falsedad de su hábitat. Me recuerda a la peli “Las Viudas de los Jueves”. Puro show off, de puertas de casa para afuera. Adentro: infidelidad, agresión, críticas, mentiras, engaños, conformismo, nada de personalidad. La vida del country.
Yo lo molestaba a Cacho, porque lo hacía enfrentarse a una realidad que él no quería ver, porque no podía. A la realidad del amor verdadero, del amor puertas adentro, del proyectar de a dos, del querer compartir todo, de la idea del compañerismo, de la fidelidad, de la entrega. No lo culpo, nunca lo vio en 29 años. Por qué le creería a una minita que hacía tan sólo cuatro meses estaba en su vida? No se le puede pedir peras al borgoña, dice el dicho.
Para Cacho, sólo había que estar presente en los momentos importantes. Eso era todo. Como si fuera que había que marcar tarjeta o cumplir con un compromiso. Para mi, la entrega era total. Viole estaba hasta las petunias. Cacho se la daba de relajado pero reclamaba y reprochaba, y se metía y opinaba. Escribo esto y pienso, qué mierda hice con este imbécil tantos meses de mi vida? Qué manera de desperdiciar un año y medio entero con alguien que nunca me quiso?? Qué tendré que aprender de todo esto?? Será cómo dice Tolstoi que “A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa”??? Porque si algo fue Cacho fue ingrato e indiferente. O seré simplemente una necia?

No hay comentarios:
Publicar un comentario