domingo, 12 de septiembre de 2010

Violeta, te quiero.

Violeta, vos no sos como el resto de las mujeres. Violeta, vos sos diferente. Sos inteligente, sos independiente, tenés mucha personalidad, sos buena en todo lo que te proponés (¿?), sos graciosa, sos un amor, sos dulce, todos te quieren. Violeta, vos tenés proyectos y ambiciones, sos todo lo que siempre soñé tener a mi lado. No sos como todas, Violeta, sos única! Bullshit! Cacho me idolatraba. Cacho me subió a un pedestal, que ahora estoy pagando caro. Porque caer desde semejante pedestal, duele. Duele a la autoestima, duele al corazón y duele al amor propio.

Violeta vos deberías juntar tu pasión por los niños y tu facilidad para cumplir tus sueños y plantear desafíos. Violeta deberías ser Ministra de Educación o Ministra de Desarrollo. Pero noooo Cacho! Yo no quiero nada de eso. Yo sólo sueño con un amor para toda la vida y tener muchos hijitos. Yo no soy Violeta, soy simplemente Susanita. Yo puedo ser Embajadora del Amor, o la abanderada de “All you need is Love”, nada más.

Cacho era todo lo que siempre soñé, todo lo que siempre busqué. Con lo bueno y lo malo. Y al mes de conocernos, no tenía dudas. Cacho, acá me quedo. Y nos embarcamos en un sueño mutuo, nos copaba la idea de estar construyendo algo lindo, algo nuevo, lleno de sorpresas, lleno de sentimientos que nunca habíamos experimentado. Y estaba muy bueno! Esa sensación de correr para encontrarnos, de contar las horas para vernos, de extrañarnos y de querer seguir conociéndonos.

Pasó mi cumpleaños, un momento especial, con muchas cosas. Presentación, confirmación, aceptación, aprobación. Mis amigos que lo apuraron en mi cumpleaños diciendo: Ojo que te estás llevando un gran exponente, de lo mejor que tenemos. Y mirá con con la tía no se jode, ehh??!! Cuidala, o te la verás con nosotros. Claro, yo soy una caprichosa de la ostia, pero soy así porque todos me cumplen los caprichos. Nadie me para el carro. Y Cacho luchó contra eso. Él creía que tenía que cortar con mis caprichos y creía que me tenía que poner límites, cuando nadie jamás los puso. Cacho les cayó bien a todos, hasta a los que ninguno les parece good enough para mi. Se los metió en el bolsillo. Cacho decía, che, cómo te quieren y te cuidan tus amigos! Si, Cacho, siempre.

Mamá llamaba día a día preguntando lo mismo…”Yyyyy??? Ya te aburriste de Cacho??” Nooo mamá, Cacho me copa de verdad. Mamá esbozó un par de palabras que me sentenciaron, ella que siempre tiene la palabra justa: “Estás hasta las pelotas! Firme como un soldado. Entregada de pies y manos.” Y mamá siempre tiene razón.

Cacho a veces me freezaba un poco, pero después volvía. Argumentaba que todo le parecía muy nuevo, muy raro y que a veces necesitaba procesarlo, pero que yo le copaba, porque no lo “denseaba” y porque tenía mucha onda.

Con Cacho empezamos a pasar mucho tiempo juntos, muchas comidas, pelis y findes al sol tomando helados en Palermo o almorzando en el Puerto. Muchas charlas, muchas confesiones, muchas historias pasadas, historias personales duras, pero sobre todo muchas ganas de estar juntos. Y nos enconchamos, pasábamos tardes y tardes hablando, conociéndonos, y conectando cada vez más y más. Nuestros amigos nos veían muy bien juntos, se notaba que nos copábamos.

Y llegó una pequeña prueba de fuego. Yo debía viajar a Rosario por dos semanas porque me tenían que operar. Y Cacho me llevó a la terminal y me dijo: “Acá voy a estar cuando vuelvas. No mires para atrás en las despedidas, mirá para adelante.” Y así fue, caminé 20 pasos, con un nudo en la garganta, y de repente siento un abrazo de atrás…Cacho, ay Cacho…Parecía el aeropuerto de Paris, pero era Retiro. Y Cacho y yo nos fundimos en un abrazo interminable.

Me enojé con Cacho porque no me llamó para desearme suerte en la cirugía. Y cuando me desperté drogada por la anestesia lo putié hasta en arameo. La Gorda le avisó que todo había salido perfecto, y Cacho me llamó cien veces. Se disculpó, y empezaba a darse cuenta que yo era exigente, porque me gusta que lo que doy sea recíproco. Y seguimos en contacto a pesar de la distancia. Yo, Violeta, lo extrañaba.

"Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo..." (El Principito).

Volví a Buenos Aires, y vino corriendo a casa. Cacho llegó con un ramo de flores. Un amor! Me moría de ternura, porque Cacho no me soltaba un segundo, no dejaba de abrazarme y darme besos. Y así como quien no quiere la cosa me dijo: “Violeta, te quiero.” Y yo me derretí.

1 comentario:

  1. Bienvenida al mundo blog! Yo tampoco uso mi nombre real en mi blog pero en face estoy ;-) Sirve para descargar y para generar tantas otras cosas tmb. En cuanto al posteo de hoy, no creo que seas exigente en pedir que te llamara para desearte suerte. Hay gestos que son básicos, que nacen, que no se piden y ellos demuestran más que las palabras.
    Buno, eso era todo, "brindo por las mujeres"!

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