Un día, fuimos con Cacho a almorzar al puerto de Olivos y le dije: Cacho te quiero contar algo muy especial para mi. Corría 2008, y un día amanecí ciega. No podía abrir los ojos, fue desesperante. Fueron tres semanas de vivir en la ceguera, en la desesperación y en la incertidumbre porque no sabían que tenía. A la tercera semana pude abrir uno de los ojos, así que era semi ciega. Vine a Bs As y conocí a mi salvador, un médico que supo diagnosticarme al instante que tenía. Pasé por miles de estudios, incluído bisturí en ojo. Me imagino los que lo están leyendo ahora y recuerdan lo que viví. Se me pone la piel de gallina. El diagnóstico fue fatal. Tenía una infección por rotura del lente de contacto que me había lastimado el ojo, y atrás de eso se me infectó con una “ameba”, propia del agua corriente. Tuve que hacer un tratamiento que duró 7 meses. En el cual me tuve que poner 8 tipos de gotas diferentes, cada minuto, cada hora. No podía siquiera estar expuesta a un mini rayito de luz, así que mi casa se transformó en una cueva, con las ventanas cubiertas de frazadas. Viajaba los viernes a la madrugada a Bs As a que me viera el médico, llegaba a lo de la Gorda, y ella me acompañaba, todos los viernes, tapándome con un tapado para que no me diera el sol. Viajábamos en subte, dónde no había mucha luz y sufríamos juntas en la sala de espera. Lo mejor que me podía pasar era curar la infección. Sino, podía perder el ojo e iba directo a un trasplante de córnea. Ahí escribía mucho, mientras me lo permitía la luz de la compu. Les mandaba a mis amigas el mail de “Novedades, como todos los viernes”. No podía ver TV, ni leer, ni ver pelis. Fue la muerte en vida. Y me tuve que armar de paciencia. Llorando en el piso de mi habitación, pataleando le dije a mamá, no voy a poder. Y pude, me la banqué con el gran apoyo de mi familia y de mis amigas. La tristeza que tenían mis gorditas, sufrieron junto a mi. Y estuvieron al pie del cañón, incondicionales. La ameba me unió a personas que siempre tuve a mi lado, pero también fortaleció amistades nuevas. Todos se hicieron presentes de una manera u otra. Y yo con mis anteojos de sol para todos lados, pero acompañada. No me dejaron sola jamás. Y eso me hizo mejor persona. Eso me hizo crecer y madurar a los ponchazos. Eso hizo que me viniera a vivir a Bs As, porque me hizo salir de un letargo existencial que no me dejaba avanzar. Porque gracias a mi fortaleza (yo nunca creí que iba a ser tan fuerte), el apoyo de mis amigas, la incondicionalidad de mi familia, y la inmensa compañía de la Gorda y su generosidad ilimitada, salí adelante.
No tuvieron que hacerme el trasplante, pero me quedó una cicatriz que no permite que yo vea bien de ese ojo. De hecho, no veo, veo como abajo del agua. Pero no me mató. Me dejó simplemente una cicatriz para toda la vida, que me va a recordar la fortaleza que tuve.
Cacho me miró anonadado. No lo podía creer. Sólo dijo: Me estás jodiendo? A vos no te entran balas, nena. Qué puede pasarte en la vida peor que esto? Vos sos de fierro. Sos más fuerte que nadie.
Y ahora que pienso. Cacho fue exactamente como la ameba. Me enfermó el corazón, me destrozó la vida por unos meses, y me va a quedar la cicatriz para siempre. Pero no me mató. Me dejó una secuela emocional importante, si, pero no me mató. Porque soy mucho más fuerte, no sólo porque tengo todo para ser feliz, sino porque quiero serlo. Y el que está muerto en realidad es el que no tiene los amigos, la familia y el amor que tengo yo, el que recibo y el que doy. Creo que la muerte es no tener la capacidad de amar y ser amado. No tener valores familiares fuertes. No tener amigos que valen oro y jamás te abandonan.
Escribiendo esto no dejaba de sonar en mi cabeza este tema, que se los regalo, sugiero y dedico con todo mi amor. Me pone la piel de gallina. Es un tema de No Te Va Gustar, y termina con una frase de Mario Benedetti, a quién gracias a mamá y a su mamá amo.
http://www.youtube.com/watch?v=3NqmanPZPZI&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=3NqmanPZPZI&feature=related
Cicatrices muchas, ninguna me mató, muchos amigos, la mejor familia, amor por todos lados. Cómo dice Benedetti al final: “Amor sin nadie, vaya cosa triste, sin nada que abrazar, miedo a que nos abracen, amar con alguien, vaya cosa buena”.
Creo que la infeliz no soy yo.
(hoy quiero usar una foto mía. se lo merece.)
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