lunes, 27 de septiembre de 2010

Tengo todo para ser feliz y hacerte feliz.

Los que me conocen saben que dentro de mi rigidez mental y mi incapacidad de ser flexible, hay dos cosas que detesto más que nada en la vida, que me dejen plantada suspendiéndome el programa a último momento y que no me atiendan el teléfono. Me costó amistades y me trae problemas. Pero no lo puedo superar! No me gusta, me parece una falta de respeto. Y Cacho era el rey de no atenderme el teléfono. Era su forma de ponerme en el freezer, de castigarme no sé bien por qué.  Peor aún, daba por terminada las charlas cuando él así lo creía conveniente, me cortaba el teléfono y no lo volvía a atender. Es verdad que a las minas nos encanta hablar por horas y los hombres son más prácticos y sólo utilizan el telefonito para decir, te veo a tal hora en tal lado.
Después de esas semanas de desencuentros, le mandé un mensaje tratando de conciliar: “Tengo todo para ser feliz y hacerte feliz”. Y Cacho así lo creía también. Porque cuando uno de los dos aflojaba, el otro no lo dejaba, y viceversa.
Así que, vaya uno a saber por qué, seguimos intentando. La remamos en dulce de leche. Los dos apostábamos que valía la pena. No sé porque me enceguecí así. Yo en el fondo sabía que teníamos algo bueno, pero no sé porque no pude terminarlo a tiempo. Lo estoy trabajando en terapia, cuando me entere, les cuento.
Volvimos a estar bien, fuimos a fiestas, cumples, asados, todos de amigos de él. Yo lo acompañé siempre. No sólo porque quería, y me gustaba  sino que además yo no tenía una vida social tan amplia acá en Bs As. Y la verdad que juntos la pasábamos bárbaro, y la gran mayoría de los amigos de Cacho eran copados y casi todos me hacían sentir super cómoda, y me abrieron las puertas de su casa agradeciéndome lo bien que le hacía a Cacho, y que nunca lo habían visto tan bien, y que se notaba el amor que nos teníamos. Y nosotros nos paseábamos orgullosos. Como si hubiera sido verdad la mentira que estábamos viviendo!
A Cacho no le importaba un sorongo lo mucho que yo detestaba que me cancele programa a último momento, de hecho, lo hacía con regularidad. Y se escudaba en que era colgado, que se olvidaba. Yo le decía, Cacho si hace cuatro meses que todos los miércoles cenamos en mi casa, cómo voy a interpretar que hoy no venís? Por ósmosis?
A mi me pasó algo raro…Tenía una ambigüedad tremenda. Estaba hinchada las pelotas de sufrir por él, no porque me dejara plantada sino por su inestabilidad emocional. Nunca podía saber cuando  saldría con un Martes 13. Y miles de veces, pero miles, quise decir Basta! Y no pude. Sé que esto es culpa mía, no de Cacho. Y se lo planteé. Pero siempre me pesaron más las cosas buenas, que eran muchísimas comparadas a lo malo. Porque sentía que lo que pasaba no era que él no quería, sino que aún no podía porque me daba cuenta. Se sentía sorprendido con todo lo bueno que nos pasaba, lo que sentía. Una vez me despertó en medio de la noche para decírmelo. Baby, despertate. No está buenísimo lo que nos pasa? Es rarísimo! Es lo que siempre soñé tener y jamás pensé encontrar. Siento cosas muy fuertes.
Por eso yo tenía paciencia y me la bancaba, porque creía que era de novato (fui su primera novia) su falta de tacto o sus dudas. Pero no, eran de discapacitado emocional, nomás. Nunca era su intención, nunca se daba cuenta, nunca hacía las cosas a propósito. Una vez leí una frase de un filósofo americano, Sam Keen que decía:Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.” Yo estaba enceguecida en algo que yo sólo me creía. Pero que no era así, era una ilusión óptica, como el charco de agua en el medio de la ruta.
Yo me enojaba conmigo misma por no poder mandarlo a contar limones a la verdulería. No podía, estaba enganchada, ilusionada, me sentía cuidada y protegida. Y me sentía la mujer más amada del mundo. Porque es difícil no creerle a alguien que te lo dice así. Y todo este tiempo creí fervientemente que podíamos armar algo increíble, con futuro, con mucho amor, con pasión de sobra, con compañerismo. Pero de a uno no se puede. No quise ver que sí había impedimentos para tener algo lindo, Cacho.
Yo se lo dije, tengo todo para ser feliz, y hacerte feliz. Y él no lo quiso, o no pudo. Es lo mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario