La incertidumbre de hacia dónde íbamos, me mataba. Violeta = paciencia cero.
Cuando lo conocí a Cacho, no quería saber nada d hombres, me cayó simpático y divertido y dije why not?? Me pareció que hubo química y buena onda. Me siguió sorprendiendo durante un par de semanas y yo me deje sorprender. Hubo momentos que quise mandar todo a la mierda, porque no entendía el juego, porque estaba todo perfecto pero me ponía en el freezer hasta que elegía sacarme de nuevo. Pero me divertía, y la pasaba bien con Cacho y nos empezamos a conocer.
El finde q pasamos juntos antes q me fuera a Rosario para operarme fue clave, por lo que hablamos a los 2 nos marcó, la pasamos bárbaro en todos los aspectos...me fui tranquila y relajada y pensé lo siguiente: voy a ver q pasa durante estas 2 semanas q estoy lejos...si lo extraño y si estamos en contacto. Las 2 cosas fueron así. Cuando volví, nunca me hubiera imaginado todo lo que siguió después, que me cuide así y que me dijera que me quería, no me la veía venir. De ahí en más las cosas empezaron a estar super entre nosotros y yo cada vez más me convencía de que estaba segura que quería darle una oportunidad a esto y jugarme. Y así fue, le puse todas las pilas y energía a nuestra nueva relación, y lo manifestaba.
Un día, me desmayé en el trabajo y a pesar que lo único que en ese momento quería era que Cacho me viniera a buscar y que me abrace y me diga todo va a estar bien, no lo hice para no romperle las pelotas. A Cacho re dolió que no lo haya llamado, me lo hizo saber y creo que desde ese momento se quebró algo entre nosotros. Por un lado yo no le quería romper las bolas, por el otro lo necesitaba. Por un lado él quería cuidarme, por el otro no se quería hacer cargo. Yo le dije algo que sentía profundamente en ese momento: “Cacho quiero que entiendas...no estoy acostumbrada a que un hombre (aparte de mi papá, je!) me cuide y se preocupe por mi, no tenés nada que ver con mis relaciones anteriores y por eso me costó tanto confiar en que lo podía hacer, que podía contar con vos. “
De pronto me encontré sola, lejos de mis afectos (aunque acá tengo afectos muy sólidos) con miles de proyectos y cargada de actividades que lógicamente a cualquier ser humano estresan, muchos cambios, muchas responsabilidades. Y le dije: “Cacho yo soy fuerte, pero soy frágil”.
El tema de su viaje me terminó de entristecer...no me la veía venir, me shockeó, me dolió pensar que todo se podía ir a la mierda pero por otro lado me enorgullecía estar al lado de una persona con ganas de crecer y ser alguien en la vida. Así que hice tripas- corazón y le dije: “Cacho, si vos tenés esta idea, voy a ser la primera en apoyarte, y si vos me dejas, compartirlo con vos en todo momento. No quiero ni necesito tomar decisiones sobre este tema ahora, ya está, se hablará cuando se tenga que hablar. Pero si me hizo mierda, no lo voy a negar. No quiero que pienses que porque me puse así es porque me arruinaste la vida y no puedo vivir sin vos. No me lastimás, entendélo.” Mentira! Me había partido al medio! Pero yo no debía permitir que Cacho sintiera y pensara que moría por él. Así que todo esto se lo puse en un mail, apreté Enviar y no recibí respuesta.
Desde ese día Cacho cambió su actitud hacia conmigo, era otra persona completamente diferente, a lo mejor se asustó porque me vio llorando. Viste que los minusválidos del alma no pueden manejar que otro tenga sentimientos.
Cacho no quería hacerse cargo en realidad, pero yo cuando él estaba mal o tenía problemas estuve a su lado, y creo que de eso se trata. De poder apoyarse, de poder bancarse, pero Cacho no podía. Nunca pudo compartir ni ser dos. Daba dos pasos para adelante y 10 para atrás. Luchó contra eso, durante un año y medio. Yo lo acompañaba desde el lugar que creía conveniente y del lugar que me correspondía sin meterme.
Pero yo a veces no le decía a Cacho lo que sentía, por miedo a que se asuste. También le decía lo mucho que me gustaba que me dijera que me quería, no entiende que a las minas necesitamos esas palabras, más que gestos.
Pero Cacho desapareció, no me atendió más el teléfono. Y esa fue su manera de actuar, cada vez que algo lo sobrepasaba, le daba miedo o no podía manejar, desaparecía sin dejar rastros, sin contestar y sin llamar.
Yo utilicé la única forma que encontré para decirle lo que pensaba, los mails, que a partir de ese momento fueron mi forma de descarga. Le pedí que si yo no era lo que él esperaba o si no quería estar más conmigo me lo dijera. Pero que me lo dijera, a mi la incertidumbre me mataba, y así fue mi relación con Cacho, un gran signo de pregunta.

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