lunes, 17 de enero de 2011

Para todas las Violetas

Hoy me atrevo a postear esto. Esto lo escribió una gran amiga mía allá por Septiembre, cuando comenzó toda esta locura del blog. Ella sintiéndose orgullosa de lo que yo estaba haciendo con tanto dolor, se inspiró y creo estas líneas, que recién cuatro meses después, me animo a publicar. No porque no me gustara, al contrario, sino xq me parecía una mentira absoluta, no lo podía ver así de ninguna manera. Hoy, muchos meses después, no sólo creo que es totalmente real, sino que existen Robertos. No quiero profundizar mucho más, no queremos que se quemen los Robertos, no?

Todas, en algún momento estuvimos en los zapatos de Violeta. Todas tuvimos un Cacho que arrasó con nuestras vidas como un huracán destrozándonos a su paso, dejándonos terriblemente vacías y desoladas, sin saber a dónde ir… perdidas y enamoradas.
 El dolor que nos deja es tan inmensamente incomparable que es hasta difícil de describir, porque nos duele todo… nos duele en lugares que no sabíamos que estaban. Existe un fragmento en “The Holiday”,donde Kate Winslet pone en palabras este sentimiento:…”Lo que intento decirte es que entiendo lo que es sentirse el ser más pequeño, insignificante y patético de la humanidad y lo que es sentir dolor en partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías. Y da igual cuántas veces te cambies de peinado, o en cuántos gimnasios te inscribas, o cuántos vasos de Chardonnay te tomes con tus amigas, porque todas las noches sigues yéndote a dormir repasando todos los detalles y preguntándote qué hiciste mal o qué pudiste malinterpretar. Y cómo carajo en ese breve instante pudiste pensar que eras tan feliz. A veces incluso logras convencerte de que él verá la luz y se presentará en tu puerta. Y después de todo eso y aunque esa situación dure mucho tiempo, vas a un lugar nuevo y conoces a gente que te hace recuperar tu amor propio. Y vas recomponiendo tu alma hecha pedazos, y toda esa época difusa, esos años de tu vida que has malgastado, empiezan por fin a desvanecerse”… Es así, tan crudo como real.
No todas hemos tenido la capacidad de esta Violeta, de hacer algo tan fructífero con nuestro dolor; cada quien lo sufre como puede, en mi caso fue en el más asqueroso de los silencios, sin lágrimas pero con un vacío que me comió durante tres duros años.
Es verdad que un día el dolor empieza a desvanecerse. Empezamos a reconocer a esa mujer que nos devuelve el espejo. Terminamos de curarnos las heridas y comenzamos a llevar esa cicatriz con orgullo, sabiendo que fuimos más fuertes que ese Cacho que intentó destrozarnos.  Y así, como quien no quiere la cosa, un día (el menos pensado) aparece un Roberto... Un Roberto que nos ama a pesar de los miedos, las inseguridades, las lágrimas y los mil y un mambos que nos causó Cacho. Un Roberto que nos hace sentir la mujer más afortunada del mundo, un Roberto que nos hace FELIZ, que no aparece y desaparece, que no nos bicicletea, que no tiene dudas, que su vida se basa en la certeza de amarnos más allá de que nosotras nos resistamos a creerlo. El día menos pensado nos enamoramos otra vez… No es el final de "La Cenicienta", no viviremos felices por siempre, tendremos las idas y vueltas de todas esas parejas que envidiamos tantas veces;  no será un príncipe azul en un blanco corcel, será simplemente ese que nos amará incondicionalmente. La cicatriz no se borrará, se va a quedar recordándonos que este es el premio que nos da la vida por haber pasado por haber atravesado aquel, ya lejano, tormento.


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