Imaginen los que no viven en Buenos Aires una situación que para los que sí vivimos es normal, pero insoportable. El subte es una lata de sardinas, todos apretados, sobre todo en 2 horarios, las 9 am y las 6 pm, cuando todos entramos y salimos de trabajar. Era un día más, común, de comienzo de veranito, como todos. Mi cara era bastante de orto, sobre todo cuando subo al subte y me muero de calor y no se puede ni respirar porque el de al lado tuyo te roba el aire, el de atrás no pierde oportunidad de apoyarte y el de enfrente te mata del olor a chivo. Un día cualquiera, me subo al subte, en el último vagón, iba a terapia. Una multitud a mi alrededor, hasta que veo un asiento vacío, salido de la nada. Empiezo a empujar y a codear, quería sentarme, de a poco fui llegando hasta el asiento, en el medio del vagón, y directamente me tiré, cual ballena encallada. Mientras me acomodo en el asiento, y busco la botella de agua infaltable…levanto la vista…justo en la fila de enfrente, en el mismísimo asiento frente al mío…Cacho…leyendo. Increíble! Levanta la vista de su libro, y me ve. La baja de nuevo, y la vuelve a subir sorprendido! Tampoco había podido creer la casualidad! Cuáles son las chances que yo me subiera al mismo vagón, del mismo subte (pasan cada cinco minutos), y encima sentarme frente a él! Cuando si me hubiera sentado en la misma fila no nos veíamos! Nos quedamos mirándonos por largos minutos. Sin decir nada…
A las dos estaciones se baja una mujer que estaba sentada al lado mío. Cacho se para y se sienta a mi lado. Sin mirarnos me dice: Hola. Yo respondí con otro Hola. Cómo te llamás? Violeta. Tenés novio? No, me acabo de pelear…a decir verdad me dejó. Qué pelotudo debe ser, contestó Cacho. Sí, un imbécil. Y no puede hacer nada por recuperarte? (hacía tan sólo una semana que había sucedido el episodio telefónico). No, no creo, porque no tiene huevos.
Yo aún no salía de mi asombro! Cómo puede ser! Hay 1.6 millones de personas que usan el subte diariamente en Buenos Aires. Y estábamos de vuelta los dos ahí. Uno al lado del otro.
A las pocas estaciones yo debía bajarme. Y le dije, mucho gusto, esta es mi estación. Me bajo, y él se baja atrás mío. Te puedo llamar? No. Te extraño Viole. Yo también Cacho, a cada segundo, pero vos lo decidiste así. Te puedo dar un beso? No, por favor no la hagas más difícil. Y me abrazó, sin decir nada, largos minutos. Yo me quise hacer la fuerte, pero no pude. Lo abracé también, con mucha fuerza. Y sin decirnos nada yo emprendí mi camino, y él el suyo.
Esas extrañas cosas de la vida, o de la magia, o de las casualidades, o del amor…

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