Con Cacho teníamos momentos que no lo podíamos creer, estábamos más unidos que nunca. Hacíamos planes divinos, que nunca habíamos hecho como programas al sol, un poco de deporte, caminábamos por la ciudad, creíamos que todo estaba cambiando. Pero no! Adivinen por qué?? Porque Cacho es discapacitado emocional, así que cuando todo estaba viento en popa, y él se copaba hablando de planes futuros, veía en mi, una cara de NO TE CREO ABSOLUTAMENTE NADA. Pero soy boluda, y no puedo despegarme de vos. Te amo demasiado y quiero que todo cambie. Quiero empezar a creer de nuevo en lo nuestro, Cacho, quiero volver a confiar en vos. Yo me encargo de eso Viole, te lo prometo.
Pero no pude yo esta vez. Cacho no tengo más fuerza para discutir con vos. No puedo sufrir más. Esta vez la culpa es mía, porque yo dejé que entres de nuevo a mi vida, y aunque sabía que iba a volver a pasar, no puedo decirle que no a lo que siento, no me costó nada volver a abrir mi corazón. Estas 2 semanas que nos reencontramos la pasé re lindo, ojalá hubiéramos podido estar así de bien por mucho más tiempo. Espero que pases unas felices fiestas y que empieces el año que viene con toda y seas muy feliz.
No Viole, dejáme demostrarte que así podemos estar de bien. Vos mañana te vas a Uruguay, quiero verte antes que te vayas. No tengo nada para decirte Cacho. Yo sí Viole, desayunemos.
Era 24 de Diciembre, ese mediodía yo viajaba con mi familia entera a Colonia, a pasar la Navidad con amor. Cacho me buscó temprano, llovía, fuimos a desayunar a un lugar divino por acá por Palermo, charlamos mucho, todo muy lindo, todo muy lindo. Cacho me abrazó, yo no. Me preguntó si me hacía mal que me abrazara, le dije que no, que ya nada me hacía mal después de lo que me había hecho. No pude contenerme, lo abracé. Fuerte. Fueron largos minutos, en esa esquina de Plaza Armenia, con la lluvia cayendo, me acuerdo tan patente…siento el abrazo, el olor de la lluvia, el olor de él. La fuerza de sus brazos. Me acuerdo cada detalle.
Eran esos momentos que no importaba nada, que nos moríamos de amor, que no reaccionábamos, que eramos uno…que nada malo podía pasar. Pero era una irrealidad, total. Cada vez que nos veíamos era así, zarpado, estábamos muy bien, tranquilos, teníamos charlas a corazón abierto, nos volvíamos a elegir constantemente.
Cacho me llevó a casa, me hice la valija y me llevó a Buquebus. Nos despedimos bien, te amo, te extraño, te quiero, te necesito, sos mi vida, quiero pasar mi vida con vos.
Me subí al barco junto a mi familia, en silencio, sin contarle nada a nadie. Llegué a Colonia tranquila, sin sentir nada, anestesiada. Hacía 10 años que no estábamos todos juntos para una Navidad, o más. Eramos 14, felices. Cacho me mandaba mensajes, te extraño, que la pases lindo. La única vez que yo había estado en esa chacra de Colonia fue con él, así que cada rincón, cada recoveco, cada habitación, me hacían acordar a él.
Al otro día, y viendo en la playa el mejor atardecer de la historia, lo llamé. Hola Cacho, no sabés lo que es este atardecer. Soñado. Me encantaría que estés acá, conmigo, cómo iba a ser desde un principio. Juntos. (Cacho había sido invitado, originalmente cuando comenzamos a planearlo.)
Cacho no respondía, le digo estás ahí? Sí, con X (amigo discapacitado emocional si los hay!)
Mirá Viole, la verdad es que no puedo. No quiero estar con vos. No puedo, no sé que me pasa…No quiero lastimarte más, no me lo voy a permitir. Así que voy a serte sincero, siempre. Y sé que estando juntos, te voy a seguir lastimando, y no quiero. Hacé tu vida.
Qué? No me estuviste diciendo todo este tiempo que soy lo que más amás en el mundo, que vas a hacer todo por recuperarme, y todas tus mierdas??
Sí, Violeta, pero hoy me desperté así.
Andate a la concha de tu madre, Cacho. Gracias por arruinarme el viaje. Y le corté.
Instantáneamente, sin decir nada, entré a la casa, y mi sobrino vino corriendo y me abrazó, yo que venía para atrás, lo agarré upa. Lo abracé. Y no lo solté más. Me puse a llorar. Todos decían, wow! Como si supiera! Todos se sentaron a comer un asado, a charlar, y yo no. Me quedé con mi sobrino, hablándonos en idioma bebé, mirándonos y mimándonos. No hablé más. Mi cara de orto era fulminante. Todos se preguntaban qué había pasado.
No soportaba estar en Colonia un segundo más, me quería ir. La pasé pésimo, no podía más. Todo me hacía acordar a Cacho, y sentía la brutal ausencia. Ahí nos enamoramos, nos dimos cuenta que nos pasaba algo, tan solo 4 meses atrás. Estar ahí era como meter el dedo en la llaga…un dedo con sal…Me odiaba, lo odiaba. Veía esas calles, esos lugares que habíamos estado juntos, qué bronca! Me quitó 100% la capacidad de disfrute, de felicidad. Me hizo discutir con mi familia, sentirme una mierda. Una desagradecida. Pasé una Navidad muy infeliz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario