Corrían los primeros días de Julio y Cacho vino algo atormentado a casa. Viole, vos te querés casar conmigo? Yo lo vengo pensando, y ya que estamos planeando empezar una vida juntos creo que deberíamos alquilarnos algo de los dos, y ya que estamos casarnos, porque a mi esas que se juntan sin casarse me parecen de rancho, unos grasas.
Cacho, así me la largás? Está bien que nosotros ya vivimos juntos aunque en dos casas, pero es toda una movida que nos pongamos a buscar algo para los dos. Querés que renovemos acá en mi departamento? No Viole, quiero que sea algo de los dos, que lo elijamos los dos, y lo decoremos los dos. Que tengamos lugar para nuestros hijos (¿??¡¡¡) y que cuando ya tengamos nuestro lugar nos casemos…PARA SIEMPRE…
Jesus Christ! Cacho no tenía filtro.
Hagamos esto Cachito, por qué no nos vamos de viaje unos días? Así decantamos todo este torbellino de tormentos, vemos que nos pasa y decidimos…
Y así partimos a pasar cuatro días a Mar del Plata.
Por un lado reafirmamos nuestro amor, por otro, empezó el final.
La última noche, salieron a la luz todas las miserias, las mentiras, las cosas inconclusas, las situaciones nunca perdonadas. Pasamos la noche en vela, en el cuarto del hotel, yo llorando como jamás en mi vida, viendo como la relación no tenía salida, como cada uno trató de remarla desde su lugar, poniendo lo que cada uno podìa y en el fondo sabiendo que era irremontable.
El día de volver fue surrealista. En la plaza frente al Casino y luego de desayunar, Cacho me abrazó con todas sus fuerzas, y frente al mar me prometió: Viole, yo quiero empezar de cero esta historia, quiero que superemos todos los obstáculos y barajemos de nuevo. Quiero pasar toda mi vida con vos, sos la mujer de mi vida, quiero que seas la madre de mis hijos. Por vos doy la vida, mato. Me voy a enfrentar a lo que sea por tenerte a mi lado de nuevo, que logres volver a confiar en mi y que podamos seguir construyendo juntos.
Yo estaba deformada de tanto llorar, no podía ni emitir sonido. El viaje de vuelta fue algo inesperado. En el colectivo de Mar del Plata a Retiro, Cacho, por primera y única vez en la historia, lloró durante las seis horas que duró el viaje. Me confesó sus medios, miedo a repetir la historia, miedo a no estar bien de la cabeza, miedo a estar entrando en una depresión, parecía un nene. Me partió. Pero decidimos tomarmos un tiempo. Separarnos. Según él, no era necesario, pero que entendía que yo estaba agotada, desahuciada, no daba más.
Pasaron los días, Cacho me llamaba y no lo atendí hasta que un día me dijo, Viole hablemos…esta tarde voy para tu casa y hablamos. Nunca vino. Lo llamé para ver que pasaba, nunca atendió. Al otro día me llama para contarme que había terminado en el hospital, porque se había desmayado en el trabajo, y le diagnosticaron un pico de stress emocional. Violeta, necesito mucha tranquilidad. Bueno Cacho, espero que sin mi la tengas, no entiendo como algo tan grave no me llamaste. Viole, te agradezco con todo el alma y lo sabés pero no creo que sea lo correcto. He llegado a mi límite el cual creía que era infinito, toda nuestra relacion fue turbulenta, con sus buenos y sus malos momentos, pero si me querés tenes que permitirme estar sólo así puedo recuperarme. estoy muy perdido y para colmo me paso esto… lo siento, de corazón Viole. No soy lo que vos querías, pase lo que me pase, no puedo seguir así. Necesito tiempo y espacio para recuperarme.
Bueno Cacho, si lo que necesitas es eso, no vas a volver a saber de mi, ni te voy a llamar más.
Tendré que hacerme cargo de mis actos, pero otra cosa no puedo hacer. No querés Cacho,
poder podes, ya lo has demostrado.
Cacho, no querés volver a verme nunca más?
Es necesario que nos separemos Violeta, me hace mierda, pero no tenemos opción.

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